Friday, February 23, 2024
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Crece división partidista sobre la percepción económica de EU

Tuve una experiencia interesante la semana pasada durante un viaje a la Colgate University para dar una charla sobre un libro. Colgate, una pequeña institución de artes liberales, está ubicada a cerca de cinco horas de la Ciudad de Nueva York, al norte del estado.

Antes de contar mi historia, debo ofrecer un poco de contexto. Nueva York, al igual que muchos estados grandes con densas zonas urbanas y grandes extensiones de tierra rural, es básicamente dos estados separados. Está NYC y sus alrededores, que son ricos y demócratas. Y está el resto del estado, que en gran parte se inclina por los republicanos. Las zonas del norte, en particular, suelen ser conservadoras, a pesar de los destellos azules de las ciudades universitarias.

Esto se debe a que la parte norte de Nueva York alcanzó su apogeo económico en algún momento del siglo XIX, cuando el canal de Erie era una importante ruta de la cadena de suministro, y los neoyorquinos ricos que todavía no podían viajar en avión a lugares más exóticos vacacionaban en las montañas Catskill y Adirondack.

En estos días, las grandes compañías que nacieron en la región durante la Segunda Revolución Industrial —grupos como General Electric, IBM, Kodak y Xerox— ya trasladaron sus operaciones a otras partes. El cambio hacia el transporte por carretera y por aire, así como la desindustrialización y la externalización, despoblaron y diezmaron económicamente la zona.

General Electric, entre las grandes firmas que nacieron en Nueva York durante la Segunda Revolución Industrial. SHUTTERSTOCK
General Electric, entre las grandes firmas que nacieron en Nueva York durante la Segunda Revolución Industrial. SHUTTERSTOCK

Esa es una de las principales razones por las que la administración de Joe Biden fijó la mira a los estímulos fiscales en sectores como el de los semiconductores. El presidente estadunidense hizo campaña con la promesa de invertir en áreas olvidadas, el tipo de lugares donde hombres blancos enojados votaron por Donald Trump en las dos últimas elecciones. Algunos datos que se van a publicar hoy de la Brookings Institution mostrarán qué tan exitosa ha sido esa campaña de inversión.

El proyecto One Chips Act involucra a Micron, una gran compañía de semiconductores, que anunció una inversión de 20 mil millones de dólares en el norte del estado de Nueva York, que crecerá a 100 mil millones en las próximas dos décadas.

Ese es justo el tipo de proyecto que supuse que le encantaría a mi chofer, un ingeniero despedido que ahora dirige una compañía de taxis; sin embargo, para mi sorpresa, no tenía nada bueno que decir sobre el plan o las estrategias económicas basadas en el lugar que está aplicando esta Casa Blanca. “Todo va a ser un gran desperdicio”, dijo, enfatizando que la compañía eligió la ubicación equivocada, ejercería demasiada presión sobre los sistemas de agua locales (un punto interesante para un conservador), y casi todas las demás quejas que se puedan imaginar. Esto a pesar de que se proyecta crear 50 mil puestos de trabajo. “Los demócratas simplemente tiran el dinero por el drenaje”, sentenció.

Mientras escuchaba su punto de vista, le pregunté qué pensaba que hará Donald Trump por la región si fuera elegido. No ofreció ningún detalle, pero dijo: “a la gente de aquí no le gusta que le mientan”. En ese momento me di cuenta de que no estábamos teniendo una conversación política, sino emocional. Si bien no hay nada sorprendente en eso, es interesante señalar que, cuantitativamente, esto se ha convertido en un fenómeno cada vez más común en la política durante los últimos 20 años, sobre todo durante los tiempos de recuperación económica. Como muestra una investigación de Stanford/NYU sobre la creciente división partidista en las percepciones económicas, la brecha en las percepciones económicas entre demócratas y republicanos aproximadamente se duplicó entre 1999 y 2020, y las recuperaciones suelen ser el periodo más polarizado.

Los autores especulan que esto puede deberse a que los periodos de recuperación suelen caracterizarse por puntos de datos mixtos, a medida que cambia el ciclo económico; no obstante o, como comentamos el jefe de la oficina de Washington de Financial Times, James Politi; Marc Filippino, también del diario, y yo en el último episodio del podcast de Swamp Notes, los datos económicos de estos días prácticamente son todos buenos. Y, sin embargo, la división persiste.

No tengo ninguna duda de que vamos a ver que se manifieste esta tendencia en la división ya partidista entre cómo responden demócratas y republicanos al nuevo informe del Departamento de Justicia de Estados Unidos que exonera al presidente Joe Biden del mal manejo de documentos, pero que también plantea preocupaciones sobre su memoria y su edad. Peter, terminaré esta nota con una gran pregunta para ti: ¿los demócratas van a cambiar de dirección y reemplazarán a Biden? ¿O doblarán su apuesta?

Lecturas recomendadas

-Aparte de la división cognitiva partidista, ¿por qué los estadunidenses son tan desanimados con una economía fuerte? Un inteligente artículo de primera página de The Wall Street Journal analiza cómo el creciente costo de pertenecer a la clase media, unido a una sensación de inseguridad endémica en el mercado laboral a pesar de las buenas cifras de empleo del momento, condujeron a una persistente desconfianza sobre el estado de la economía a largo plazo.

Cara Eckholm, investigadora de Cornell, canaliza a Jane Jacobs en un artículo de opinión publicado en The New York Times, donde aboga por nuevas leyes de zonificación para revitalizar la ciudad después de la emergencia sanitaria causada por la pandemia de covid-19. No puedo estar más de acuerdo. Podemos hacer mucho para resolver de manera inmediata la crisis de la vivienda si se le permitiera a los propietarios de hogares unifamiliares alquilar espacio en sus propiedades con más facilidad, y cambiáramos las leyes para los pequeños propietarios en relación con los grandes dueños institucionales.

-Estoy totalmente de acuerdo con un artículo de opinión de Zainab Usman publicado en Financial Times, en el que defiende que Estados Unidos debe mantener buenas relaciones comerciales con África. En particular, destaca la oportunidad de obtener minerales de tierras raras y otras materias primas a cambio de la transferencia de tecnología y conocimientos (saber cómo hacer las cosas) del mundo desarrollado.

-Por último, mi colega Tej Parikh da en el clavo en un artículo en Financial Times al afirmar que nos obsesionamos demasiado con la política monetaria. Esto es muy cierto. A veces parece que hay tantos juegos y discusiones en línea sobre cada movimiento de la Reserva Federal de Estados Unidos como sobre los deportes profesionales.

Peter Spiegel responde

Rana, como probablemente recordarás, discutimos sobre este mismo tema cuando reemplacé a Edward Luce aquí en Swamp Notes en septiembre del año pasado. Esa fue la última vez que los chismes de los demócratas estaban llenos de angustia con el asunto de si el presidente Joe Biden debía abandonar la contienda rumbo a la Casa Blanco en 2024 debido a su avanzada edad. Lo que creía entonces —y todavía creo ahora— es que todo el debate malinterpreta a Biden como político.

A lo largo de su presidencia —de hecho, desde que fue elegido como vicepresidente durante la administración de Barack Obama en 2008— Biden ha proyectado la imagen de un viejo tío paternal, y el público en gran medida se lo ha creído; sin embargo, ese aspecto amable enmascara a un político intensamente competitivo que tiene un gran resentimiento por ser un Joe de clase trabajadora (literalmente), educado en universidades comunes y corrientes, en una capital estadunidense dominada por miembros de egresados de universidades de la Ivy League que cumplían con todos los requisitos para hacer carrera (prácticas en Washington, becas, puestos de mandaderos) para ascender a posiciones de poder.

En opinión de muchos en “Bidenworld”, ese “resentimiento” existe desde hace mucho tiempo, pero alcanzó su apoteosis durante la administración de Barack Obama, cuando gran parte del equipo del entonces presidente (y, de acuerdo con personas cercanas, el propio Obama) menospreció a Biden y sus asesores debido a su percepción de falta de credenciales intelectuales.

Para demostrar a los Obama que es tan buen o mejor presidente, Joe Biden necesita dos mandatos. Esto es lo que lo impulsa desde hace mucho tiempo como persona y como político, por lo que incluso con la última situación embarazosa, me parece muy poco probable que se retire de la contienda.

Rana, preguntas si los demócratas cambiarán de dirección y lo van a reemplazar. El problema es que los demócratas no tienen otra opción al respecto. La naturaleza del sistema de elecciones primarias significa que Joe Biden tiene la nominación casi asegurada, a pesar de que estamos a varios meses de la Convención Nacional Demócrata.

Como señaló este fin de semana nuestro amigo y colega James Politi, si el actual presidente de Estados Unidos no se retira, será casi imposible reemplazarlo. Para que eso ocurriera se necesitará una revuelta masiva entre los propios delegados de Biden en la convención.

Biden no se va a ir a ninguna parte de manera voluntaria. Eso significa que los demócratas tendrán que aguantar y respaldar al presidente, independientemente de cualquier reparo que puedan tener en privado.

Financial Times Limited. Declaimer 2021
Financial Times Limited. Declaimer 2021

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