Monday, March 4, 2024
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El efecto primavera – El Financiero

En política, hablar de primavera trae a la mente la Primavera de Praga, en 1968, o la Primavera Árabe, en 2011. Permítame plantear algo sobre las primaveras electorales en nuestro país, sobre todo en las elecciones presidenciales de 2000 a 2018.

Pero, antes, una breve explicación de por qué abordar el tema. En algunos foros he escuchado la idea, recurrente e insistente, de que las preferencias electorales rumbo a la próxima elección, medidas en diversas encuestas, no han cambiado mucho, y ante esa falta de movimiento se argumentan cosas como que las candidaturas no importan o que las campañas son irrelevantes.

En las encuestas de EL FINANCIERO, entre octubre y diciembre, hubo poco cambio. La intención de voto por Claudia Sheinbaum tuvo variaciones de entre 2 y 4 puntos porcentuales, mientras que el apoyo a Xóchitl Gálvez varió entre 1 y 3 puntos.

Variaciones no significan cambios cuando se trata de ejercicios muestrales como las encuestas, que tienen un margen de error convencional de hasta 6 puntos en valor absoluto. Podríamos decir que, fuera de esas variaciones, las preferencias se han mantenido relativamente estables.

Pero eso no es nuevo. En las elecciones presidenciales del año 2000, las primeras que me tocó cubrir con encuestas periodísticas, las preferencias comenzaron a moverse hasta cierto momento; en 2006, también; en 2012, también y, en 2018, también.

Probablemente usted ya dedujo a qué momento me refiero: la primavera. De acuerdo con las encuestas que me ha tocado coordinar y publicar, los cambios más notables en las preferencias se han registrado en los meses de primavera.

Permítame hacer una revisión de todas esas elecciones, comenzando con las más recientes.

En el año 2018, el ascenso de AMLO en las preferencias, cuando prácticamente se despega del resto, se comenzó a registrar a partir de marzo y con mayor claridad en abril.

Entre octubre de 2017 y febrero de 2018, el apoyo a AMLO había registrado variaciones de apenas 3 puntos en la serie de encuestas de EL FINANCIERO, con apoyos entre 35 y 38 por ciento: estable. A partir de la primavera, su ascenso, como todos sabemos, fue meteórico, rebasando 50 por ciento.

Veamos ahora qué sucedió en 2012. AMLO vino de atrás para empatar a Vázquez Mota en abril, y para mayo ya se había situado en un sólido segundo lugar, y muy cerca de Peña Nieto, por lo menos en las encuestas que hicimos en Reforma en ese año, como la de los 4 puntos que se publicó en mayo.

Entre marzo y mayo, meses de primavera, el apoyo a AMLO subió de 22 a 34 por ciento, mientras que el apoyo a Vázquez Mota bajó de 32 a 27 por ciento, aunque la subida de AMLO también se benefició de una ligera baja en el apoyo a Peña.

En 2006, uno de los swings más interesantes en las preferencias durante esa contienda se registró en abril, cuando Calderón se puso ligeramente arriba de AMLO. El entonces candidato del PRD argumentaba que él iba 10 puntos arriba en las encuestas, pero lo que observamos era otra cosa: una contienda muy cerrada, la cual tomó cierta dinámica en los meses de primavera.

Y en el año 2000, las preferencias estuvieron muy estables hasta que llegó el mes de abril, y ahí las encuestas mostraron una contienda que se cerraba entre Fox y Labastida. Pocos sondeos previeron el triunfo foxista, pero sí registraron el cierre de la brecha… en la primavera. Lo que la serie de encuestas que hicimos entonces en Reforma dejó documentado fue que el swing reflejó más una caída en el apoyo de Labastida que un crecimiento en el apoyo a Fox.

Llamarle a todo esto un “efecto primavera” es no saber nada sobre causalidad, ya que los cambios deben ser atribuibles a ciertos factores, más allá de la estación: las campañas, los eventos y su cobertura, el estado de ánimo del electorado, etcétera. Pero el cambio en preferencias en año electoral ha sido, hasta ahora, un fenómeno de primavera. En retrospectiva, no habría por qué esperar cambios antes de la primavera.

Ya veremos si este año nuevamente vemos ese efecto primavera, en el que las tendencias cambien un poco o mucho, ya sea para consolidar la ventaja que hasta ahora los sondeos dan a Sheinbaum, o para ver si Xóchitl, que hasta ahora ha sido flor de otoño, puede florecer en la primavera.

Lo que ha sucedido antes no necesariamente se repite, pero en cada elección, de 2000 a 2018, la primavera ha traído cambios. Veremos si la de 2024 también.

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