Monday, March 4, 2024
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La rivalidad chino-estadounidense y su impacto sobre México – El Financiero

Una de las principales preocupaciones en el sistema Internacional contemporáneo es la rivalidad entre Estados Unidos y China. Por un lado, algunos académicos, como Graham Allison, auguran un posible conflicto debido a la intención de China en convertirse en la potencia hegemónica y desplazar a Estados Unidos.

En la teoría de las Relaciones Internacionales, ha quedado claro que la posibilidad de un cambio en el equilibrio de poder puede ser la causa de una guerra. Graham Allison ha llamado a este temor la “trampa de Tucídides”, en referencia al historiador griego quien propuso originalmente esa idea.

Por otro lado, la posible llegada de Donald Trump a la presidencia en las elecciones de este año podría agravar la disputa entre estas dos grandes potencias económicas. Es altamente probable que Trump vuelva a ser el candidato republicano y enfoque su discurso de campaña a echarle la culpa a China del desempleo en Estados Unidos y de otros males.

Afortunadamente, la historia ha demostrado que pueden existir transiciones hegemónicas pacíficas. La primera y segunda guerras mundiales fueron cambios en el equilibrio de poder violentos. Sin embargo, el fin de la Guerra Fría fue una transición hegemónica relativamente pacífica. Sin un grave conflicto, la caída de la URSS representó el fin del sistema bipolar para dar paso a un mundo multipolar.

Además, Robert Keohane y Joseph Nye han argumentado que, entre dos países altamente interdependientes económicamente, la necesidad de usar la fuerza militar disminuye. Este rasgo reduce las posibilidades de una guerra entre Estados Unidos y China.

De todas maneras, esta rivalidad hegemónica chino-americana tiene efectos directos en México. En primer lugar, al compartir la frontera y por la creciente interdependencia, lo que ocurra en la economía de Estados Unidos afecta directamente a México. Por otro lado, la guerra comercial entre las dos potencias puede abrir oportunidades para el país.

Por ejemplo, México puede aprovechar la situación para ampliar su mercado, diversificar su comercio, atraer inversiones chinas, y construir una alianza con el país asiático como mecanismo de contrapeso frente a Estados Unidos.

Un efecto directo es que los aranceles aplicados por Trump y Biden a China pusieron a México como el segundo socio comercial de Estados Unidos. Es decir, en términos económicos hay beneficios a México por la guerra comercial entre ambos gigantes.

Sin embargo, la dependencia económica de México hacia Estados Unidos limita su alcance en materia de política exterior. Es decir, el gobierno mexicano no tiene un margen de maniobra amplio para actuar con total autonomía en los temas prioritarios para el vecino. Históricamente, México se ha alineado a los intereses nacionales de Estados Unidos en temas sustantivos de la agenda de seguridad estadounidense.

El caso de la rivalidad con China es un asunto de alta prioridad para la política exterior de Washington. Incluso, la administración de Trump obligó al gobierno de Peña Nieto a aceptar una cláusula en el T-MEC que prohíbe a México firmar un tratado comercial con países de “economía no de mercado””, en una clara alusión a China. En consonancia, la administración de AMLO ha respetado ese compromiso. En otras palabras, Washington ha impuesto su voluntad sobre México en el marco de su confrontación con China.

Pero si el gobierno federal está limitado en estos aspectos, los estados de la federación tienen mayores libertades respecto a sus vínculos económicos con el exterior. La idea es que las entidades con mayor peso industrial y con una posición geográfica estratégica, como son Nuevo León, Baja California, Jalisco, Chihuahua, Querétaro, entre otros, aprovechen de manera positiva la rivalidad entre Estados Unidos y China.

La mejor estrategia sería el uso de la paradiplomacia (relaciones exteriores de los gobiernos subnacionales). Cada estado, de acuerdo con sus capacidades y condiciones, deberá establecer la mejor estrategia para vincularse hacia el exterior y promover el desarrollo de sus comunidades en el contexto de la rivalidad entre Estados Unidos y China.

El autor es profesor-investigador de la Universidad Autónoma de Baja California (UABC). Es doctor en Estudios Internacionales por la Universidad de Miami. Pertenece al Sistema Nacional de Investigadores del CONACyT y es miembro de la Academia Mexicana de Ciencias. Es presidente del Centro de Enseñanza y Análisis sobre la Política Exterior de México (CESPEM).

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