Saturday, May 18, 2024
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Los Hechos | Junto con el antiguo PRI ¿se fue la Revolución? – El Occidental

No por subrayar la positiva trayectoria de EL OCCIDENTAL, pero la entrevista que le hicimos hace cosa de 20 años al entonces senador Gabriel Jiménez Remus y en la que sentenció que “el PRI ya no existe”, sigue siendo noticia. Y no sólo por lo que se refiere a la situación de un partido político, sino por lo que conlleva tal acontecimiento, pues hay quienes consideran que junto con la extinción del Partido Revolucionario Institucional, se fue también parte del programa de la Revolución Mexicana.

Habrá quienes piensen que estos cambios de estilo son inevitables en la historia de los pueblos; aunque debe aclararse que el credo nacional no debe ser sujeto de modificaciones de fondo y menos de renuncia. Lo que es bueno lo fue desde el principio, lo sigue siendo en la actualidad y lo será por siempre.

Vamos a relacionar una vez más el caso de la religión con el de la política, señalando que por ejemplo el Padre Nuestro y el Ave María han mantenido vigencia durante Siglos. Y eso no es raro, porque ambas oraciones encierran en poco espacio, lo principal que debe atenderse en el quehacer cotidiano, con base en la religión.

De la misma forma, si la Revolución Mexicana encerraba las principales necesidades y aspiraciones de un pueblo, no habría que hacerlas a un lado simplemente por cuestiones de moda. Podría cambiarse en su estilo o con sinónimos de sus preceptos, pero nunca modificarse en su esencia.

Y haciendo una rápida revisión de la historia reciente de nuestro país debemos admitir que durante el reinado del PRI tuvimos presidentes de diferente tipo. Pero chueco o derecho, la vida de nuestra nación seguía básicamente sobre los mismos rieles. Y así fue que la justicia social fue avanzando, con el ordenamiento del pujante sector empresarial mexicano y el establecimiento de garantías para los trabajadores y la ciudadanía. El capital y el trabajo como complementos y no como enemigos.

En nuestro país, pese a gobiernos de diferente calidad, era evidente el progreso. Ceñidos a los postulados de la Revolución Mexicana. Hubo el reparto de tierras, mejor sueldo a los trabajadores, días de descanso obligatorio, jubilaciones, derecho a la vivienda. Todo eso, sin dañar en absoluto al sector empresarial. Progresábamos a grandes pasos. Y un país que progresa es un país que avanza en todos sentidos, parejo; con beneficios para empresarios y trabajadores; ganaderos, agricultores y campesinos; prestadores de servicios. Sin olvidar el avance urbano y tecnológico.

Ahora bien, al extinguirse el PRI original y entregar el poder a otros partidos los lemas se cambiaron, para estar a tono con la nueva “ideología” y forma de trabajar. Antes los objetivos eran el progreso y la justicia social. Después los lemas han sido al apoyo a la economía, el desarrollo económico y la creación de empleos. Y sostienen esas fórmulas como válidas.

Puede señalarse que en este contexto, alguien cometió recientemente tremenda torpeza al afirmar que es más importante el que crea riqueza que el que la reparte. O sea que el enriquecimiento es lo que debe alentar a los mexicanos, mientras que la distribución del ingreso pasa a segundo término. Vaya desatino.

Faltaría por ver hasta dónde nos lleva esta nueva manera de gobernar que duró casi 20 años. Hasta ahora no ha habido desvíos que se consideren graves pero habría que confirmar que se mantiene la ruta.

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