Thursday, May 30, 2024
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¿Resucitó con Morena el viejo PRI? – El Financiero

¿Se convertirá Morena en el nuevo PRI? ¿O incluso se habrá convertido ya en el nuevo partido de Estado? Diversos analistas han encontrado paralelos entre la condición política que vivimos en México por varias décadas, cuando el PRI era un partido hegemónico, y la situación que ahora existe.

En ambos casos, pareciera que la pertenencia a una fuerza política era y es una condición indispensable para acceder al poder. El PRI nació en el año de 1949, pero sus antecesores, el PNR y el PRM, fueron configurando la formación del partido de Estado que se mimetizaba y fundía con el gobierno. Los dirigentes partidistas se transformaban en funcionarios públicos con relativa frecuencia y viceversa.

Por décadas, no hubo un solo gobernador en la República proveniente de otra fuerza política.

Hubo que esperar hasta noviembre de 1989 para que, por primera ocasión, un gobernador electo proviniera de la oposición tras el triunfo de Ernesto Ruffo Appel, del PAN, en Baja California.

Es decir, durante 50 años, el PRI tuvo el 100 por ciento de los gobiernos estatales.

En el pasado apenas unos cuantos legisladores de la oposición habían obtenido asientos en el Poder Legislativo. Igualmente, eran contados los alcaldes de municipios importantes que venían de las fuerzas opositoras. Era evidente que si alguna persona quería llegar al poder, la vía que tenía era ser parte del Partido Revolucionario Institucional.


Esta condición fue cambiando gradualmente en la última década del siglo pasado. Las elecciones presidenciales de 1988, en las cuales Carlos Salinas de Gortari ganó la presidencia de la República con un margen de poco más del 50 por ciento, abrieron de facto la competencia política en México.

No solamente surgió en los años posteriores el Partido de la Revolución Democrática (PRD), fundado por Cuauhtémoc Cárdenas y sus aliados, sino que el Partido Acción Nacional (PAN) se convirtió en una fuerza política competitiva.

A pesar de que era el partido más antiguo de México, fundado en el año 1929, fue hasta la década de los 90 del siglo pasado cuando el PAN se convirtió realmente en una fuerza política que tenía capacidad para alcanzar el poder.

En el año 1997, por primera ocasión en la historia del país, el PRI perdió la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados y luego en el año 2000, también perdió la presidencia de la República. Cambió así, de manera radical el régimen político de México. No era ya indispensable ser parte del PRI para acceder al poder público. Había una competencia y eran varias las vías.

A lo largo de un par de décadas, esta fue la condición prevaleciente, y en función de esa circunstancia se construyeron instituciones públicas que estaban basadas en la existencia del pluralismo político.

Esta circunstancia cambió en el 2018. El triunfo electoral de López Obrador no solamente permitió que fuerzas políticas de izquierda, llegaran por primera ocasión a la presidencia de la República, sino que después de 21 años nuevamente una fuerza política, la encabezada por Morena y sus aliados, logró la mayoría absoluta en las dos cámaras del Congreso, incluso, alcanzando la mayoría calificada en la Cámara de Diputados.

Además, el avance de la presencia regional de Morena, llevó a esta fuerza política en los siguientes años, a obtener más de la mitad de los gobernadores.

De hecho, llega a elección del 2024 con 23 gobernaturas en su haber (propias y de aliados) de las 32 totales, la mayor cantidad para una fuerza política desde los tiempos de la hegemonía priísta.

Pareciera que se dibuja ahora una circunstancia parecida a la que tuvimos en el pasado y por varias décadas cuando la militancia en el PRI era una condición indispensable para llegar al poder público.

Pareciera hoy que estar dentro de Morena es la única manera de acceder al poder en sus diferentes estamentos.

¿Será éste el caso? ¿Qué consecuencias tendría para el sistema político mexicano?

Aún es temprano para llegar a conclusiones a propósito de la hegemonía de Morena en el largo plazo.

Aunque es indiscutible que en las encuestas, la candidata presidencial de Morena, es quien tiene las mayores probabilidades de obtener el triunfo, no está claro si obtendrá también la mayoría calificada o incluso la mayoría absoluta en las dos cámaras del Congreso.

Pero, incluso, más allá de esta circunstancia, tampoco hay certidumbre respecto a la permanencia de este dominio.

Como le comentaba, en el caso del PRI fueron prácticamente 40 años en los cuales este partido se mantuvo en la hegemonía plena o incluso 60 años si consideramos a sus antecesores.

Resulta muy poco probable, en función de la dinámica de cambios en la sociedad y en las estructuras políticas del país, pensar en que Morena se eternice en el poder.

Lo más probable es que aun en el caso de que obtenga resultados favorables en este proceso electoral, las condiciones de preferencia política en el país a lo largo de los próximos años cambien en la medida que también lo hace la sociedad.

Las encuestas realizadas por El Financiero muestran que las preferencias hacia Morena respecto a otras fuerzas políticas son mayores mientras menor escolaridad existe o entre los segmentos de ingresos más bajos respecto a las clases medias.

La composición política en los principales centros urbanos del país es diferente que en el conjunto del país. Si el crecimiento y la modernización de México continúan, lo más probable es que a más tardar, al paso de algunos años tengamos una mudanza en las preferencias políticas de la población.

Pero hay más. Morena sigue siendo un partido centrado en una figura política fuerte: Andrés Manuel López Obrador.

Hay paralelos en lo que ha sucedido en otros gobiernos tanto en América Latina como en Europa del Este o Asia, donde hay fuerzas políticas centradas en una sola persona. La experiencia vivida en el país hace casi 90 años mostró que la estructura del sistema político mexicano, con el “maximato”, no parece ser compatible con la persistencia de un “hombre fuerte” que se eternice en el poder, directamente o a través de terceros.

La complejidad de la sociedad mexicana es mucho mayor que la de países como Nicaragua o Venezuela, por citar dos casos emblemáticos. Por esa razón es que establecer paralelos y señalar que Morena se ha convertido en “el nuevo PRI” es apresurado.

Puede ser algo diferente o incluso puede derivar en el futuro en la formación de otra fuerza o de otras fuerzas políticas. Todo indica que el PRI hegemónico que tuvimos sigue en su tumba y no ha resucitado con otros colores y otro nombre.

Lee aquí la versión más reciente de Bloomberg Businessweek México:

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